Lenin: 1902: Breves enseñanzas del ¿Qué hacer?
VASOS COMUNICANTES: ORGANIZACION CLANDESTINA Y MOVIMIENTO DE MASAS
Jamás podremos dar a una organización amplia el
carácter clandestino indispensable para una lucha firme
y tenaz contra el gobierno. La concentración de todas las
funciones clandestinas en manos del menor número posible
de revolucionarios profesionales no significa, ni mucho menos,
que estos últimos "pensarán por todos",
que la multitud no tomará parte activa en el movimiento.
Al contrario: la multitud promoverá de su seno a un número
cada vez mayor de revolucionarios profesionales, pues sabrá
entonces que no basta con que unos estudiantes y algunos obreros
que luchan en el terreno económico se reúnan para
constituir un "comité", sino que es necesario
formarse durante años como revolucionarios profesionales,
y "pensará" no sólo en los métodos
primitivos de trabajo, sino precisamente en esta formación.
La centralización de las funciones clandestinas de la
organización no implica en modo alguno la centralización
de todas las funciones del movimiento. La colaboración
activa de las más amplias masas en las publicaciones clandestinas,
lejos de disminuir, se decuplicará cuando una "docena"
de revolucionarios profesionales centralicen las funciones clandestinas
de esta labor. Así, y sólo así, conseguiremos
que la lectura de las publicaciones clandestinas, la colaboración
en ellas y, en parte, hasta su difusión dejen casi de
ser una obra clandestina, pues la policía comprenderá
pronto cuán absurdas e imposibles son las persecuciones
judiciales y administrativas con motivo de cada uno de los miles
de ejemplares de publicaciones distribuidas. Lo mismo cabe decir
de no sólo la prensa, sino de todas las funciones del movimiento,
incluso de las manifestaciones. La participación más
activa y más amplia de las masas en una manifestación,
lejos de salir perjudicada, tendrá, por el contrario, muchas
más posibilidades de éxito si una "docena"
de revolucionarios probados, no menos adiestrados profesionalmente
que nuestra policía, centraliza todos los aspectos de la
labor clandestina: edición de octavillas, confección
de un plan aproximado, nombramiento de un grupo de dirigentes
para cada distrito de la ciudad, para cada barriada fabril, cada
establecimiento de enseñanza, etc. (se dirá, ya
lo sé, que mis concepciones "no son democráticas",
pero más adelante refutaré de manera detallada esta
objeción nada inteligente). La centralización de
las funciones más clandestinas por la organización
de revolucionarios no debilitará, sino que reforzará
la amplitud y el contenido de la actividad de un gran número
de otras organizaciones destinadas a las vastas masas y, por ello,
lo menos reglamentadas y lo menos clandestinas posible: sindicatos
obreros, círculos obreros culturales y de lectura de publicaciones
clandestinas, círculos socialistas, y democráticos
también, para todos los demás sectores de
la población, etc., etc. Tales círculos, sindicatos
y organizaciones son necesarios en todas partes, en el mayor número
y con las funciones más diversas; pero es absurdo y perjudicial
confundir estas organizaciones con la de los revolucionarios,
borrar las fronteras entre ellas, apagar en la masa la conciencia
ya de por sí increíblemente oscurecida, de que para
"servir" al movimiento de masas hacen falta hombres
dedicados de manera especial y por entero a la acción socialdemócrata
y que estos hombres deben forjarse con paciencia y tenacidad
como revolucionarios profesionales.
Sí, esta conciencia se halla oscurecida hasta lo increíble.
Con nuestro primitivismo en el trabajo hemos puesto en entredicho
el prestigio de los revolucionarios en Rusia: en esto radica
nuestro pecado capital en materia de organización. Un revolucionario
blandengue, vacilante en los problemas teóricos y de estrechos
horizontes, que justifica su inercia con la espontaneidad del
movimiento de masas y se asemeja más a un secretario de
tradeunion que a un tribuno popular, carente de un plan amplio
y audaz que imponga respeto incluso a sus adversarios, inexperto
e inhábil en su arte profesional (la lucha contra la policía
política), ¡no es, con perdón sea dicho, un
revolucionario, sino un mísero artesano!
Que ningún militante dedicado a la labor práctica se ofenda por este duro epíteto, pues en lo que concierne a la falta de preparación me lo aplico a mí mismo en primer término. He actuado en un círculo que se asignaba tareas vastas y omnímodas, y todos nosotros, sus componentes, sufríamos lo indecible al comprender que no éramos más que unos artesanos en un momento histórico en que, modificando ligeramente la antigua máxima, podría decirse: ¡Dadnos una organización de revolucionarios y removeremos a Rusia de sus cimientos! Y cuanto más a menudo he tenido que recordar la bochornosa sensación de vergüenza que me daba entonces, tanto mayor ha sido mi amargura contra los seudosocialdemócratas que "deshonran el nombre de revolucionario" con su propaganda y no comprenden que nuestra misión no consiste en propugnar que se rebaje al revolucionario al nivel del militante primitivo, sino en elevar a este último al nivel del revolucionario.